Los capos del silbato han sido designados para el Mundial sudafricano y lucen orgulosos en sus relucientes libretas las firmas de papi y mami.
¡Qué buena que es Doña FIFA, la directora del cole arbitral!. A veces parece enojada, enojadísima, pero nadie le cree. Actúa mejor que Thelma Biral en "Valientes" o que Norma Aleandro en "La Tregua"(para los no tan pendex). Pero es una buenaza.
Le permite al niño Martin Hansson que no vea en el segundo recreo la mano groserísima del púber Henry que haciendo soberana trampa ayuda a los del cuarto "B" a clasificar sin escalas para los inolvidables intercolegiales de junio.
Los "irlandeses", como apodan cariñosamente a los del tercero, mañana van a celaduría, piden reunión de padres, llaman a Elizondo, cortan General Paz y Colón, tiran la bronca pero nadie los escucha.
Al final, al tramposo lo llaman "vivo" y al protestón le dicen "gil". Martin Hanssson va al Mundial. ¡Qué repiola es este cole!
El pequeño Massimo Busacca, en un descuido de los adultos y en un ataque de sed se manda sin respirar ocho bebidas energizantes y siete yogures bebibles sin reparar en los terribles efectos que tamaño desatino producirá en su pobre vejiga.
Después da rienda suelta a sus efluvios dentro de la mismísima área; no hay dudas que esta en un terrible offside y no le cobran ni penal.
El castigo es ejemplar. Massimo Busacca también va a la Copa del Mundo y nadie entiende. Entonces la sala de profes se alborota: hay que sancionar a alguien, la bondad es insoportable.
Eligen al colorado Tom Ovrebo,uno de quinto mañana, examinan sus videos escolares y descubren que se portó pésimo el año pasado dirigiendo un partido entre los "azules" y los del maestro Pep.
Se comprueba que a éstos los favoreció burdamente haciendo el "oso" ante cuatro evidentes penales que no cobró. La prueba del delito la constituyen sus gritos. Ante cada omisión deliberada de falta vocifera un ¡Barcelonaaaaaa! ¡Barcelonaaaaaa! como si fuera el mismísimo Fredy Mercury.
Lo mandan al rincón con orejas de burro hasta nuevo aviso. Tom Ovrebo no va al Mundial. Así el colegio permanece inmaculado, puro, libre de toda sospecha. La directora luce orgullosa y da uno de sus mejores discursos. A más de uno se le pianta un lagrimón.
Luego aparece en escena el inefable inspector "Cara de Bueno" Joseph, el de la DIPES, el mismo. Habla de la equidad, del juego limpio, de las bondades de la FIFA, del maestro Julio, de Mandela, del apartheid. Cómo será de tocante el momento que aplaude hasta Pelé. Los capos del silbato escuchan con atención; en el fondo saben que para algunos, aún con libreta firmada, verguenza consumada.